UNESCO

 

Miércoles, 8 de Septiembre de 2010  
 
   Investigación


Senderos (Número IV)

Senderos (Número VI)


SENDEROS VI. Publicaciones Ocasionales de Investigación del Comité Regional Norte de Cooperación con la UNESCO

“La educación básica en zonas marginadas: predictores de éxito y supervivencia académica

Dr. Juan Carlos Silas Casillas

Regularmente se asume a la educación como vía segura para acceder a los beneficios de la economía y la sociedad. En México las zonas marginadas reciben servicios educativos insuficientes y deficientes (Schmelkes, 2005). Sin embargo, aún en circunstancias económicamente desventajosas, existen alumnos que, dada la conjunción de factores personales, familiares, escolares y comunitarios pueden perseverar en su formación básica y continuar sus estudios más allá de la educación obligatoria.

Estudios señalan que factores externos e internos a la escuela influyen en el logro de los estudiantes (Muñoz y Guzmán, 1971; Schiefelbein y Farell, 1982 y 1984; Schiefelbein y Simmons, 1979). Varios escritos explican cómo el ingreso familiar o la dedicación de horas al estudio fuera del horario escolar influyen en el desempeño de los alumnos (Sánchez, 2004). Sin embargo esto no da respuesta a aclarar el significado que tiene para el joven en situación de marginación el poder perseverar en sus estudios, la mecánica de su toma de decisiones entre seguir o abandonar los estudios o la influencia que tienen diferentes actores y factores en esta toma de decisiones.

Es por esto que se tiene como objetivo: Explorar los factores que estudiantes provenientes de zonas de alta marginación perciben como intervinientes en su permanencia escolar utilizando la teoría de la resiliencia como lente de enfoque para su análisis. Esto se planteó como pregunta de investigación de la siguiente forma: ¿Cuáles son los factores —individuales, familiares, escolares y sociales — que permiten al individuo romper el pronóstico de interrumpir sus estudios?

Edith Grotberg (1997 y 2006), define la resiliencia como la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, aprender de ellas, superarlas e inclusive, ser transformado por éstas. Resiliencia proviene del latín resilio, que significa volver al estado original, recuperar la forma original (Melillo y Suárez, 2005). En física describe la cualidad de los materiales que resisten los impactos y recuperan su forma original cuando son forzados a deformarse (Melillo y Suárez, Ibíd.).

De acuerdo con Cyrulnik (2004), la resiliencia es algo en gran medida adquirido, que varía conforme va desarrollándose la existencia y que difiere en función de la naturaleza del estrés e implica un proyecto de vida que se define individualmente para seguir adelante. La persona resiliente requiere de una interacción constante y significativa con actores clave. Es fundamental que el sujeto cuente con al menos una “persona significativa en resiliencia” (Cruz, 2007).

La escuela tiene un lugar privilegiado ya que goza del reconocimiento por parte de los miembros de la comunidad. El medio escolar es la segunda fuente de seguridad después del hogar y, a veces la única (Manciaux, 2003). Los maestros, como actores clave, tienen la posibilidad de detectar estudiantes en riesgo y, si han logrado ganarse la confianza del alumno, pueden ayudarle a explotar sus potencialidades resilientes (González y Valdez, 2006).

El enfoque seguido fue netamente cualitativo y tuvo dos dimensiones: a) la individual y b) la de la localidad. Se visitaron 16 comunidades que presentaban alto o muy alto nivel de marginación de acuerdo con las mediciones del Consejo Nacional de Población y se estudiaron las historias de vida de 29 participantes. Con relación a la selección de los participantes, 10 de ellos ya habían sido detectados con anticipación como casos de éxito y los otros 19 fueron nominados, también como casos de éxito, por las autoridades de las escuelas en las localidades seleccionadas. La lista de las comunidades incluyó los estados de Chiapas, Chihuahua, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Michoacán, Nuevo León, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, San Luís Potosí, Veracruz, Yucatán y Zacatecas.

Se utilizó una guía de conceptos con los temas para entrevistar a las personas pertenecientes a cada uno de los campos de información especificados: a) el individuo, b) su entorno inmediato (familia nuclear y extensa), c) la escuela y d) la comunidad. Esta información se sistematizó con base en las categorías de análisis. Para su procesamiento, siguiendo a Merriam (1998), se estudió cada caso de manera individual relatando la historia basada en las categorías e indicadores definidos para posteriormente analizarse en conjunto, de modo que se compararon las historias y se identificaron los patrones existentes.

Las personas que han logrado una escolarización más allá de la básica obligatoria presentan una significativa autoafirmación. Esto se relaciona con los atributos propuestos en la teoría de la resiliencia (Melillo, 2004; Grotberg 2006). El reto académico les permite mostrar sus habilidades y su perseverancia al mismo tiempo, lo que quiebra la inercia de lo cotidiano (Duschatzky, 1999) y permite a los jóvenes mostrar una cara diferente a la comunidad.

Dentro del entorno inmediato es evidente que detrás de los alumnos “exitosos”, hay personas cercanas que juegan papeles determinantes. El primero de ellos es el de apoyo en términos verbales y logísticos. La persona da soporte afectivo y permite el desahogo emocional pero al mismo tiempo sirve para reafirmar convicciones. El segundo papel corresponde a una persona que no tiene una presencia física constante en el núcleo familiar pero cuyo mensaje es significativo para el individuo, pues a través del acto de abnegación que significa su partida, se evidencia su compromiso con el bienestar de la familia. El tercer papel lo desempeña la llamada “persona significativa en resiliencia”. Se trata de alguien cuya trayectoria o situación actual resulta atractiva a la persona y que a través de constantes interacciones apoya a la persona en construir su propia ruta de resiliencia o éxito.

A nivel de la institución educativa se resaltan dos factores cruciales. El primero de ellos se da a nivel interpersonal y recae en maestros que tienen la sensibilidad de detectar en los alumnos alguna habilidad especial y la capacidad de establecer una relación constructiva. Esto no es planeado y se basa en la capacidad de los actores de relacionarse en torno a actividades académicas. El segundo de los factores es más estructural y tiene que ver con los mecanismos con que cuenta la institución educativa para vincularse con su comunidad y sus alumnos.

Dentro del análisis de las comunidades es claro que existen fuertes elementos de distracción para los jóvenes estudiantes que quieren perseverar en su formación. Éstos tienen como sustrato el factor económico. Los jóvenes estudiantes sopesan los beneficios futuros de su escolarización y los beneficios presentes de trabajar. Los individuos que participaron en este estudio contaron con el apoyo de varios puntos que les hizo tomar la decisión de perseverar en sus estudios dejando de lado los distractores.

La conformación intencional de redes constructivas al interior de las instituciones educativas es fundamental porque es en donde se puede incidir a través de política pública o seguirse explorando a través de proyectos que permitan conocer más profundamente este impacto. Es deseable seguir explorando el impacto que tendría en los jóvenes estudiantes el contar en las escuelas de educación básica con una “persona significativa en resiliencia” que actuase de forme institucionalizada. Muy posiblemente se tendría un fortalecimiento importante en los niveles de resiliencia individual y en el logro escolar en las instituciones.


 

Senderos (Número VI)
La educación básica en zonas marginadas: predictores de éxito y supervivencia académica