El director general de la UNESCO, Koichiro Matsuura, concedió relieve al papel de las oficinas locales en su misión de servir de enlace y ejecución de la filosofía de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Esta declaración fue hecha en un encuentro con los directivos, especialistas y coordinadores del Comité Regional Norte de Cooperación con la UNESCO a propósito de la entrega de la distinción “Guayasamín” a nuestro equipo. El emblemático acto tuvo lugar en octubre de 2007, apenas unos días antes de la inauguración de la Feria Internacional del Libro de Monterrey a la cual UNESCO asistía como invitada principal. Los días siguientes servirían de colofón, por una parte, de la visión del Sr. Matsuura con respecto a la misión territorial de la Organización; y, por otra, constituirían una revelación de las capacidades y alcances de nuestras oficinas en una ciudad en la que apenas tres años atrás no existía, socialmente hablando, una apropiada noción de la UNESCO.
Nuestro Informe 2007 se redacta bajo los efectos de la experiencia. Y también —vale decirlo— bajo el peso del compromiso. Si los años precedentes fueron de fundación y convocatoria, éste se recordará como un año de confirmación. Los datos que siguen constituyen una crónica abreviada de los hechos por los cuales se ha tenido noticia de lo que es, aspira y hace este Comité. Ellos —con los debidos reparos de su brevedad— serán suficientes para que el lector construya su propia visión. Por ello me limitaré en estas líneas a esbozar algunas ideas generales sobre algunas de las condiciones que hicieron posibles los resultados expuestos a vuelta de página.
El Comité Regional Norte de Cooperación con la UNESCO fundamenta su trabajo en lo que pudiéramos llamar sus cinco pilares esenciales: personal, pensamiento, procedimientos, proyectos y promoción. En ese orden comienzo por destacar el valioso desempeño de un reducido y suficiente grupo de académicos, especialistas, profesionales, personal administrativo y estudiantes dotados de cono- cimientos, sensibilidad y habilidades para el ejercicio de sus funciones individu- ales y colectivas. De esa relación entre individualidades que comparten no sólo pericia, pasiones y voluntades, sino también imaginación, nace el equipo que somos. Al personal de esta Oficina, y a su capacidad para tejer alianzas y relaciones, se deben los resultados de los que hoy damos cuenta.
Nuestro equipo también está dotado de un pensamiento, de una filosofía, que define alcances y horizontes de la visión del Comité. Su fuente principal, huelga decirlo, es la filosofía y principios de la UNESCO, que se concretan dentro de las condiciones y objetivos especiales del territorio en el que ejercemos nuestro trabajo. En este sentido cabría decir que pensamos con cabeza propia, lo cual no significa una negación de lo que se piensa en París, sino su reapropiación y aplicación en los contextos singulares de una región que concede significativa atención a los problemas del conocimiento y la educación.
De ahí que educación y conocimiento constituyan ejes centrales alrededor de los cuales se articulan el pensamiento y, por consiguiente, las acciones de esta oficina, pero sin descuidar el resto de los grandes temas de la agenda UNESCO. Pensar de este modo ha hecho posible colocar los grandes problemas educativos en la agenda del debate social, y a su vez abrir en nuestra región nuevos espacios de pensamiento sobre el tema.
No habría sido posible alcanzar los resultados más adelante expuestos sin construir o apelar a determinados procedimientos, que resumiré en unos pocos términos: organización reticular, en el orden interno; vínculos horizontales y alianzas estratégicas, en el orden interinstitucional; gestión de redes, en el orden global. Nuestro equipo funciona interiormente a partir de una amplia gama de acciones con las que sus miembros se articulan reticularmente entre sí y con los proyectos de la oficina. Ello produce un clima de iniciativas, creatividad y elevado desempeño que genera mayores rendimientos individuales y colectivos, amén de potenciar la imaginación y la originalidad.
Al cabo de tres años hemos logrado establecer numerosas relaciones con instituciones locales, nacionales y extranjeras. Éstas han dado lugar a un haz de vínculos horizontales y alianzas estratégicas indispensables para impulsar la misión social de nuestra Oficina. Mediante tales procedimientos interinstitucionales fue posible organizar congresos, talleres, seminarios y diálogos; convocar a concursos, editar libros, suscribir convenios y armar nuevos proyectos, entre otras cosas. Vale también destacar la construcción de redes como el más actual, complejo y dinámico de los procedimientos aplicados. Estas redes virtuales redefinen fronteras y universalizan el alcance de visiones y proyectos.
El proyecto es el conjunto de acciones sistemáticas debidamente diseñadas y ordenadas de las que derivan productos de valor social, académico, cultural, científico o educacional. Son los hechos en los cuales se concentran los esfuerzos estratégicos de la Oficina: escuelas asociadas, redes, investigaciones, concursos, diálogos, ediciones, etc. El proyecto es un fin que no se agota en sí mismo; de manera que se le concibe, a un mismo tiempo, como fin y medio. Un proyecto investigativo no concluye con sus resultados, del mismo modo que un concurso no termina en la premiación; en ambos casos se desencadenan acciones ulteriores que amplían el sentido y alcance de cada proyecto. Es en tal sentido que puedo afirmar que el tercer año de vida del Comité Regional Norte de Cooperación con la UNESCO marca la madurez y el valor social, a la vez que un momento de reflexión de sus proyectos.
El quinto de los pilares de la Oficina es la promoción. Entiendo la promoción en un sentido algo más amplio que la simple divulgación de lo que se hace por medios impresos o audiovisuales. La promoción comienza por el evento mismo, que es por naturaleza un acto de valor e interés público. El año 2007 ha sido un año de grandes hechos organizados y promovidos por nuestro Comité, como podrá advertir el lector del presente informe. Trátese de un congreso, un libro o una exposición, los hechos a su vez se concatenan con otros hechos y acciones y en no pocos casos entran en diálogo con públicos más extensos a través de su reflejo en los medios de comunicación. Enriquecen nuestras acciones de promoción la actividad de nuestros académicos y especialistas que sistemáticamente asisten a eventos nacionales e internacionales, presentan ponencias, escriben artículos para revistas especializadas, publican libros o participan en infinidad de foros.
Concluyo remitiéndome a un acontecimiento en el que se agrupan y magnifican todos y cada uno de los factores hasta aquí enunciados: la presencia de la UNESCO como invitada especial de la Feria Internacional del libro, cuya concepción, organización y ejecución corrió a cargo de nuestro poco numeroso, entusiasta e imaginativo equipo. Para no pocos observadores ajenos a estas oficinas, el Pabellón de la UNESCO en la mencionada feria puede considerarse como el más vasto, diverso y original de todos cuantos fueron organizados por los invitados precedentes. Sólo por respeto a las instituciones que nos antecedieron, así como por evitar la imprudencia de respaldar un juicio tal vez algo emocional, me abstendré de apropiarme de tal aseveración. Sostendré, sin embargo, que el nuestro fue un gran pabellón y que lo que aconteció en aquella gran arcada durante 104 horas ininterrumpidas, por la cual pasaron cientos de miles de personas que tuvieron noticia de la grandeza de la UNESCO, fue un gran testimonio de lo que podemos hacer.